Phase II / Fase dos

Grafitto am Recyclinghof im Werdauer Weg, Berlin-Schöneberg. Foto: Paul Rother

Nur noch drei Wochen und wir fliegen nach Argentinien! Drei Schriftsteller*innen aus Berlin treffen drei aus Buenos Aires. Noch ist viel zu tun. Sind die Facebookevents schon eingerichtet? Wissen alle Bescheid, wo sie sich und wann treffen? Welche Wege durch die argentinische Hauptstadt wurden ausgewählt und werden sie tatsächlich beschritten? Und wie sieht die Stadt eigentlich vom Fluss aus? Das Gerücht geht zum Fluss hin werde sie immer moderner, fast hypermodern, wie die Stadtansicht auf dem obigen Grafitto. Wie wird die Stimmung vor Ort sein? So kurz vor den Präsdentschaftswahlen? Spürt man eine Wechselstimmung? Welche Bedeutung hat Literatur in diesem Moment? Kann sie den Zeitgeist antizipieren? Welches Publikum wird sich für dieses Projekt interessieren, das im Rahmen des 25. Jubiläums der Partnerschaft zwischen beiden Städten stattfindet?

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¡Solo faltan tres semanas para nuestro viaje a Argentina! Tres escritoras y escritores de Berlín se encontrarán con tres de Buenos Aires. Queda mucho por hacer: ¿ya están creados los eventos en Facebook para anunciar cada cosa que suceda durante la semana de las Topografías literarias? ¿Todos saben dónde y cuándo deben encontrarse para hacer sus exploraciones? ¿Qué recorridos delinearon los escritores locales y cuáles se emprenderán efectivamente? ¿Cómo se ve la ciudad desde el río? Dicen que, a medida que uno se va alejando de la costa, la capital se ve más moderna, hipermoderna como el paisaje urbano del grafitti. ¿Cómo estará el clima social, a días de las elecciones? ¿Qué significado adquiere la literatura en este momento? ¿Puede anticipar el Zeitgeist? ¿Qué público mostrará interés en este proyecto que tiene lugar en el marco del 25º aniversario de hermanamiento Berlín – Buenos Aires?

Bodenerkennung

Lettrétage, Berlin, 23. Mai 2019

Die Zündschnur von den Worten in die Vergangenheit

Ibero-Amerikanisches Institut Berlin, 22. Mai 2019

Max Czollek, Timo Berger, Alan Pauls, Christiane Quandt beim Empfang nach der Veranstaltung. Foto: Pflüger/Topografien.com

Lange Schritte / Pasos largos

Alan Pauls und Max Czollek. Foto: Timo Berger

Der Nordring der S-Bahn ist unterbrochen, es herrscht Ersatzverkehr und ein gefühlter Grad an Chaos. Unbeindruckt davon sind Max Czollek und Alan Pauls: Die beiden Schriftsteller waren zu Fuß aufgebrochen, um den Friedrichshain zu erkunden. Vom vereinbarten Treffpunkt, dem U-Bahnhof Warschauer Straße, zogen sie los über die gleichnamige Brücke mit Blick auf das Anschutz-Arreal in Richtung Samariter Straße. Czollek wollte seinen ehemaligen Kiez zeigen, das angrenzende neue Viertel, was auf dem Gelände des ehemaligen Zentralvieh- und Schlachthofs errichtet wurde. Hochgewachsen und leichtfüßig erreichten beide rasch die Landsberger Allee mit dem Etappenziel Volkspark Friedrichshain, ein Ort, der für Czollek mit vielen Erinnerungen verbunden ist. Sie betraten den Park von seiner schmucklosen Flanke an der Danziger Straße, fielen ihm quasi in den Rücken. Ein zum Café umfunktionierter Container lud zur Rast ein. Den Espresso ohne Zucker, sagt Pauls, er schätze die Berliner Parks. Sie folgten englischen Vorbildern. Inmitten der unaufdringlichen Szenerie des Volksparks kam das Gespräch bald auf Filme (Pauls ist in einer Schauspielerfamilie groß geworden, arbeitete als Filmkritiker, stand aber auch selbst schon vor der Kamera), auf die Rolle des Produzenten, der auch in Zeiten von Netflix notwendig erscheint, als Kitt, der die unterschiedliche Akteure miteinander vereint. Gute Filme bringen immer wieder große Bilder hervor – gelingt dies auch der zeitgenössischen Literatur? Und: Bildet sie nur ab, was ist, oder gelingt es ihr, das Kommende zu antiziperen, gar Entwicklungen zu präfigurieren? Bei all dem schwingt die Geschichte, auch die persönliche mit. Czollek zeigte auf einen Parkteil: Dort sei er oft gewesen, mit den Freunden. Vor der Besteigung des Bunkerbergs, das Vermächtnis einer missglückten Sprengung und höchste Erhebung des Quartiers, wird am großen Teich noch eine Mandarin-Ente gesichtet. Eine exotische Spezie, in den Kriegswirren aus dem Zoologischen Garten ausgebüchst, und hier ein willkommener Kontrapunkt.   

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El tramo norte del Ring está cortado: en la zona reinan el transporte sustituto y una sensación de caos que no parece inquietar demasiado a Max Czollek y Alan Pauls. Ambos escritores llegaron a pie a Friedrichshain con el objetivo de comenzar su exploración por el barrio. Desde el punto de encuentro –la estación de metro Warschauer Straße– partieron hacia el puente homónimo, con vista al distrito de artes y entretenimiento Anschutz, en dirección a la Samariter Straße. Czollek quería mostrar su vieja zona de influencia y el nuevo barrio lindero a esta, erigido en la superficie de lo que alguna vez fue el matadero central de Berlín. Espigados los dos, y de andar ligero, llegaron rápido a Landsberger Allee y a una de sus paradas intermedias, el Volkspark Friedrichshain, un lugar colmado de recuerdos para Czollek. En un acto casi traicionero ingresaron por la zona más austera del parque, el de la Danziger Straße. El container convertido en cafecito invitó a un descanso. El espresso sin azúcar, dijo Pauls, y también dijo que valora los parques berlineses, inspirados muchas veces en los ingleses. Contenidos por el escenario amable del Volkspark (“el parque el pueblo”) la conversación derivó hacia el cine –Pauls se crió en una familia de actores, trabajó como crítico de películas y también se paró frente a la cámaras en alguna ocasión– y hacia el rol de los productores, que también en tiempos de Netflix son una masilla fundamental para unir los distintos rubros de un equipo fílmico. Las películas nos regalan grandes imágenes una y otra vez – ¿puede decirse lo mismo de la literatura? ¿Y vale decir que refleja lo que ya existe o que más bien ayuda a anticipar lo nuevo, a prefigurar los desarrollos venideros? En todas estas discusiones apareció la historia, también la personal. Czollek señaló una parte del parque, más allá: ahí solía parar con los amigos. Antes de la subida del Bunkerberg –la montaña artificial que sobrevino a la implosión de un búnker construido durante la Segunda Guerra Mundial, legado de una voladura y la mayor elevación de la zona– podía verse un pato mandarín que nadaba por el lago. Una especie exótica, que los tiempos turbulentos de la guerra escapó del Jardín Zoológico y hoy se ofrece como un bienvenido y maravilloso contrapunto.

Auf die Plätze, fertig… Preparadas, listas…

Gabriela Cabezón Cámara und Lucy Fricke. Foto: Natalia Laube

Die literarischen Erkundungen in Berlin haben nun endlich angefangen. Die Vorhut bildete das Team aus Gabriela Cabezón Cámara und Lucy Fricke bestehendes Team. Die Berliner Schriftstellerin führte ihre argentinische Kollegin an einige der emblematischen Punkte ihres Kiezes: Kreuzberg. Die gemeinsame Route startete am Maybachufer, führte durch den Görlitzerpark und beinhaltete eine Station in der Markthalle Neun – wo das Team Brot kaufte, Pizza aß und die schnelle Transformation dieses Marktes unter verschiedenen Sichtweisen diskutierte – eine von den Anwohner geliebte und verteidigte Institution, die in den letzten Jahren zur Pflichtstation von Hipster-Touristen geworden ist. Nach dem Mittagessen – und schon sichtlich vertraut – besichtigten sie das Gebäude des ehemaligen Bethanien-Klinik, den Moritzplatz mit seinen Prinzessinnengärten und das Kottbusser Tor, nicht ohne sich jedoch hinter den zerschlagenen Scheiben des Htoel Orania mit einem Ristretto gestärkt zu haben. Trotz des Jet lag (sieben Stunden Zeitunterschied zu Bogotá, wo sie am Vorabend losgeflogen war) zeigte Gabriela sich begeistert und interessiert an Kreuzberg und seinen kulturellen Häutungen, aber auch an seinen Vögeln und Bäumen, in der ganzen Pracht dieses Frühlings. Sie wollte von allem die Namen wissen, doch nicht immer konnten wir ihre Neugier befriedigen.

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Y finalmente comenzaron las exploraciones literarias por Berlín. El equipo de la vanguardia estuvo conformado por Gabriela Cabezón Cámara y Lucy Fricke, que guió a su par argentina por algunos de los puntos emblemáticos de su barrio, Kreuzberg. La gira comenzó en el Maybachufer, siguió por el Görlitzer Park e incluyó una parada en Markthalle Neun –donde el equipo compró pan, comió pizza e intercambió puntos de vista sobre la rápida transformación de este mercado, institución amada y defendida por los viejos vecinos de la zona que devino en parada obligatoria para turistas hipsters en los últimos años. Después del almuerzo, y ya entradas en confianza, las escritoras fueron a recorrer el viejo edificio Bethanien, Moritzplatz y su Prinzesinnengärten y el Kottbusser Tor, no sin antes recargar fuerzas con un ristretto entre los vidrios rotos del hotel Orania. A pesar del jetlag (hay siete horas de diferencia con Bogotá, desde donde había volado la noche anterior) Gabriela se mostró entusiasmada e interesada en Kreuzberg y sus cambios culturales, pero también por sus pájaros y sus árboles, esplendorosos en esta primavera. Preguntó los nombres de todos, no siempre supimos contestarle.